María Audina Molina Inostroza es una de las figuras más trascendentales en la investigación, enseñanza y difusión del folclore en el sur de Chile. Nacida en Loncoche, Región de La Araucanía, en el año 1943, su vida ha estado marcada por una herencia profunda: desciende de una familia de cultores, cantores y rezadores, raíces que definieron su vocación desde la infancia. Además de su labor artística, se reconoce como sanadora y santiguadora a la usanza de los mayores.
Su vínculo con la música comenzó temprano. En 1958, a los 16 años, formó su primer conjunto musical, "Voces del Ñielol", mientras estudiaba en la Escuela Agrícola Femenina del Ñielol. Su pasión la llevó a formalizar sus conocimientos, ingresando en 1984 a la Escuela Nacional de Folclore (ENAFO), donde obtuvo el título de especialista en "Folclore Aplicado a la Educación" con distinción máxima. Su liderazgo en esta área fue tal que en 1992 encabezó la comisión para establecer la sede regional de ENAFO en Temuco, la segunda en abrirse en el país.
Con más de 60 años de trayectoria, María Molina ha sido un pilar fundamental en el rescate y la enseñanza de la tradición musical del sur de Chile. Su labor docente abarca desde escuelas rurales hasta la educación superior, destacando sus 20 años en la Universidad de La Frontera (UFRO) donde fundó la agrupación "Lawentufe" , y su posterior trabajo en la Universidad Católica de Temuco reactivando el grupo "Raíces".
Como investigadora, ha recuperado expresiones únicas como las variantes de la cueca regional (valseada y de 52 compases). Su legado incluye obras como el villancico "Buenas Noches San José" (1985) y producciones discográficas como "Desde La Frontera" y "Cantares de Lawentufe".
Su aporte ha sido reconocido internacionalmente con la Medalla al Mérito de la UNESCO (2000) y a nivel nacional con el Premio a la Trayectoria del Ministerio de las Culturas (2021). En 2025, fue distinguida como "Ciudadana Destacada" de Temuco por su inagotable defensa del patrimonio cultural.
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