Raúl Díaz Acevedo es una de las figuras más relevantes en la investigación y sistematización del folclore musical del sur de Chile. Radicado en la Región de La Araucanía, su trayectoria se define por una vocación pedagógica inquebrantable y una curiosidad profunda por los sonidos de la ruralidad.
Más que un intérprete, don Raúl se autodefine como un maestro y un puente entre generaciones. Su trabajo ha consistido en desafiar la estandarización de los conjuntos folclóricos urbanos para rescatar la inmensa variedad sonora que existe en el campo chileno. Es el autor de obras fundamentales para la musicología nacional y custodio de un archivo oral invaluable que busca preservar la "sabiduría de los antiguos" para el futuro.
Comenzó su trabajo con la música en la intimidad familiar en Valparaíso, donde aprendió de su abuela los primeros acordes de lo que él llama "música de viejos": melodías de finales del siglo XIX que no se escuchaban en la radio.
Al trasladarse a Temuco e intentar integrarse a la escena local, se encontró con una realidad que lo marcaría: los conjuntos folclóricos de la época estandarizaban la interpretación, tocando "todos igual", ignorando los matices y la riqueza rítmica que él conocía de su raíz familiar. Esta inquietud lo llevó a alejarse de los escenarios tradicionales y volcarse hacia el trabajo de campo, buscando a las cantoras y guitarreros naturales. Fue en ese encuentro con la ruralidad donde descubrió que la música campesina no era uniforme, sino un universo complejo de afinaciones y formas de ejecución que nadie estaba documentando.
La contribución más trascendental de Raúl Díaz es la sistematización de la guitarra traspuesta. Durante sus investigaciones, se enfrentó al mito popular que aseguraba que existían solo 40 afinaciones y que "aprender la número 41 era pactar con el diablo". Desafiando esta leyenda, logró recopilar y registrar más de 50 variantes, demostrando la inagotable creatividad del músico campesino.
Este hallazgo se materializó en 1994 con la publicación del libro "Finares Campesinos", una obra pionera financiada por FONDART, seguida por "Toquíos Campesinos" (1997), donde diferenció técnicamente la afinación del rasgueo.
Hoy, su mirada está puesta en el futuro. Consciente de que el patrimonio "no es propiedad de uno, sino de todos", Raúl Díaz se encuentra preparando la donación de su vasto archivo de grabaciones y apuntes a la Biblioteca Nacional de Chile, asegurando que este tesoro sonoro permanezca vivo y accesible para las nuevas generaciones de investigadores y músicos.
Co
Co