Víctor Jara Aburto, conocido cariñosamente en su comunidad como "Mochól", es un músico y cantautor profundamente arraigado en la comuna de Purranque, Región de Los Lagos. Su vida es el reflejo del artista popular que no separa el oficio del arte. Se ha consolidado como un referente local, combinando su vida laboral al frente de una carnicería familiar con una incansable trayectoria en los escenarios regionales.
Proveniente de una familia de músicos donde su padre, abuelo y tíos ya ejecutaban la guitarra y el acordeón, Víctor ha llevado la música de raíz por todo el sur de Chile e incluso hacia Argentina, actuando como embajador cultural en intercambios internacionales. Su destreza en el acordeón lo convirtió en una figura indispensable en los actos cívicos y escolares de su ciudad, llenando un vacío en una época donde los cultores de este instrumento eran escasos.
Su formación musical no ocurrió en conservatorios, sino en el cruce entre la tradición oral familiar y la educación religiosa. Sus primeros pasos los dio a los 6 años en un colegio católico, bajo la influencia de monjas misioneras norteamericanas. Fue una de ellas, quien tocaba acordeón y guitarra, la que detectó su talento innato y lo impulsó a perfeccionarse, sembrando en él una pasión que luego florecería en los conjuntos folclóricos de su etapa escolar y liceana.
La vida adulta le impuso responsabilidades tempranas: tras licenciarse de cuarto medio, debió hacerse cargo del negocio familiar (la carnicería) debido a la pérdida de visión de su padre. Sin embargo, lejos de abandonar la música, la integró a su vida cotidiana y espiritual, participando activamente en movimientos de la Iglesia y recorriendo el país, demostrando que el trabajo duro y la vocación artística pueden convivir armónicamente.
El aporte más significativo de Víctor Jara a la memoria histórica regional es su composición musical dedicada a la Tragedia de la Janequeo y el Leucotón, el dramático naufragio ocurrido en 1965 en la costa de Manquemapu. A través de su canto y su guitarra, documentó el dolor y la valentía de los marinos fallecidos, transformando un hecho histórico en una pieza de arte popular que ha sido reconocida y valorada solemnemente por la Armada de Chile y la comunidad.
Su compromiso de toda una vida con la identidad local fue galardonado oficialmente durante la pandemia, cuando la Ilustre Municipalidad de Purranque lo declaró "Hijo Ilustre de la Comuna".
Este reconocimiento valida su carrera como cantante popular y compositor, un legado que hoy se proyecta hacia el futuro a través de su hijo Raúl, a quien ha transmitido el amor por la música para asegurar que la tradición de los Jara siga sonando en el sur.